Me imagino que a los cinco años o seis me cuestionara:
-¿De dónde he venido, papá?
Antes de responderle, lo sentaré en mis rodillas y le haré una pregunta:
-¿Sabes lo que es el amor?
Será interesante conocer lo que piensa nuestro propio hijo acerca del amor, porque creo que la forma que un hijo vive el amor determina gran parte del éxito el fracaso de sus padres.
-¿Has pensado por qué yo soy tu papá y no lo es cualquier otro señor? Pues porque a ti y a mí nos une el amor -le diré después procurando dejar bien claro ese argumento- . Un lazo de unión que nos hace necesitarnos mutuamente para poder vivir, corre a abrazarnos muy fuerte después de un día de trabajo, preocuparnos el uno por el otro cuando estamos lejos; un lazo invaluable, ¿comprendes? A ti no te trajo una cigüeña ni naciste de ningún otro cuento absurdo. Naciste del amor. Del amor que nos une a tu madre y a mí; algo similar a lo que existe entre nosotros, ¿sí? Ella y yo nos amamos y vivimos siempre cerca, un día nos acercamos cuerpo a cuerpo y tú naciste de esa máxima unión física, naciste de ella y de mí. Cada uno aporto algo de sí mismo para que tú pudieras existir.
Sera fundamental hablarle de sexo; así desde pequeño sabrá que proviene de él; lo enseñaré a ver la sexualidad como el clímax del amor, a respetarla, valorarla y rechazar todos aquellos que la ensucian y envilecen.
Será maravilloso compartir con ese hijo la verdad, las experiencias que me han ido formando, Sé que no será sencillo, pero pondré todo mi entendimiento en conseguirlo, en parte por él, en agradecimiento a Dios por los padres que yo tuve y que, de una u otra forma, me heredaron las ideas y el carácter que, a mi vez, trataré de heredarle.
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